8 de mayo de 2015

El ardid de Caperucita Roja


Si alguien le hubiese dicho a Caperucita Roja las penurias que iba tener que pasar a lo largo de los años, se habría pensado mejor aquello de aceptar el contrato de exclusiva con Perrault. Y no solo porque de exclusivo no tuvo nada sino que eso de contar una y otra vez la misma historia: que si la mantequilla para la abuela, que si el lobo, que si qué orejas más grandes tienes, que si se la comió…, en fin, lo que ya todos sabemos, la tenía más que hartita. Por eso, ni corta ni perezosa, en cuanto se enteró de la tertulia que la Biblioteca Municipal ha organizado para esta noche, la “La Noche de los Cuentos”, echó mano de sus encantos de mujer y, tras convencer a un servidor, logró hacer realidad su sueño de, aunque más no sea por un rato, engatusar a su aburrido destino.
El caso es que cuando hoy por la mañana su madre le encomendó el consabido recado, Caperucita se mostró solícita y, como siempre, esbozó su peculiar sonrisa, cogió la canasta, revisó que todo estuviera en orden y salió. Pero ni bien se adentró en el bosque y a resguardo ya de la mirada controladora de su madre, cogió el móvil y llamó sin más a su amiga del alma, la malhadada Bella Durmiente, otra víctima del destino literario que, a estas alturas, ya no es ni bella ni durmiente:
—Hola, soy yo, Caperucita; tenemos que vernos urgente —le instó—. Te espero en en el bosque, a la altura de donde empiezan los eucaliptos. ¡Apúrate, venga!, que en menos de cinco minutos ya será tarde.
Como si fuera una flecha, no pasó ni un segundo que la princesa ya estaba a su lado, retorciéndose las manos y ansiosa por saber qué había sucedido. Caperucita fue al grano:
—Necesito que me ayudes y le lleves esto a mi abuela. ¡Hasta el moño me tienen ya con la vieja!  Día sí día no, que si venga con la canastita, que no te olvides de quedarte un rato que la abuela está sola, y bla, bla, bla.
—Ah, ¡era eso! —respondió la princesa, algo desencantada.
—No. Hay otra cosa. Necesito un poco de…, tú ya me entiendes.
—Qué zorra eres —le retrucó la otra, captando al vuelo la indirecta y turbando la mirada—. ¿Y cómo me lo vas a pagar?
—Pues con lo que tanta envidia te ha dado siempre.
—¡El lobo! Ay, no me hagas ilusionar con quimeras que ya sabes cómo soy de sensiblona. Mucho más después de lo del príncipe, que menudo fiasco me resultó. Menos mal que Blancanieves me dejó a los enanos.
—Ya, pero eso es para otra tertulia. Ahora toma, ponte la caperuza y sigue recto por ahí. A quinientos metros seguro que aparecerá tu querido lobito y te hará la cantinela que me hace siempre. Ni siquiera se dará cuenta de que eres tú y no yo.
—¿Tú crees? ¡Ay mira, estoy temblando como una adolescente!
—Venga, venga —apuró Caperucita—. ¡Pero acomódate mejor la caperuza, mujer, que es corto de vista pero no ciego!
—Ay Caperucita, no sabes cómo te lo agradezco. De solo pensar en esos bigotes, esos lengüetazos… Por cierto, toma las llaves. En casa está Gruñon, no es el más cariñoso pero…
—Cariño, a estas alturas no estoy para ponerme exquisita. Pues eso, tú te encuentras con tu lobo y ya luego… tú misma. Venga.
—Oye, ¿y la abuela?, ¿qué hago con la canasta?
—Querida, mi abuela no está en su casa. Lo de su enfermedad es puro cuento. ¿No sabías que está de novio con Barba Azul?  Quién sabe por dónde andará ahora la muy lista. Lo que pasa es que a mi madre no se lo dijo porque con la reputación que tiene aquel hombre, te imaginas la que le hubiera liado. Pero bueno, la vieja ya es grandecita. Lo único que falta es tener que estar cuidándole las bragas. Así que no perdamos más tiempo. Tú, a lo tuyo, que a mí también me espera una noche como pocas.
Y colorín colorado, amigos, este es el ardid que logró tejer Caperucita con la ayuda de este humilde servidor. Dejémosle a cuenta los pocos minutos que faltan para que acabe esta “Noche de los Cuentos” y regalémosle ese rato de privacidad que tan merecidamente se ha ganado.

Fernando Adrian Mitolo ©
Mayo de 2015

5 comentarios:

  1. Vaya, vaya....con la Caperucita y nuestra desconocida Bella.... Jejejeje

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    1. ¿Pero tú has visto qué milongas nos habían contado? jajjajjajaja. Gracias por pasar. Besito.

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  2. jajajaaja Me encantan las Caperucitas gamberras, pero prefiero que escribas en argentino jeje Muy bueno!

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  3. Me encanta. No he podido leerte pero me pongo al día ya....

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