6 de mayo de 2015

Detrás del rayón

Recordando a Freud


Ayer, a partir de un comentario inocente y, al parecer, inocuo para mi neurosis, he vuelto a comprobar la fiereza de la realidad y uno de sus signos más brutales: lo efímero. Fue tan solo una frase, cuatro palabras, siquiera: "Tu coche tiene un rayón", pero que despertaron en mí ese sentimiento de desasosiego que Sigmund Freud retrató tan bien en su escrito de 1915 sobre "La transitoriedad". 

Lo digo una vez más, el objeto del comentario es anodino, hasta frívolo, quizás, si nos atenemos a la realidad de nuestros tiempos. Pero el objetivo de estas líneas no es denunciar "el rayón" del coche —al fin y al cabo,  es como nuestras arrugas—, sino lo que eso simboliza: ni más ni menos que la transitoriedad de las cosas, lo efímero de la belleza de los objetos que amamos, ya sean materiales o personas. En síntesis, el reto de una realidad que, a cada momento, nos enfrenta con las pérdidas y el duelo, un trabajo que, a nuestra sociedad, no acaba de resultarle fácil. 

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