29 de abril de 2015

La broma absurda

Capítulo 2 - La nueva Rogelia



Esta claro que, si le hubiesen avisado a Benigno que  aquella inusitada venganza que asestó contra su madre le iba a costar más cara que su oprobio, se lo hubiese pensado dos veces. Porque hay que decir que afectada, lo que se dice afectada, Rogelia realmente no quedó. Y si no, no habría más que verla cómo iba por la calle, tan campante ella con la cabeza de su hijo embutida encima del cogote, como si la llevara puesta desde toda la vida. Al contario de lo que hubiera deseado Benigno cuando aquella mañana le dejó su enorme bola hirsuta y grasienta encima del mueble, Rogelia estaba encantada con su nueva adquisición; aunque habría que decir, más bien, “imposición”, porque si por ella hubiese sido, con la tirria que le tenía a esa cabeza, jamás hubiese decidido ponérsela por motu propio.

El caso es que, a pesar de todo lo que despotricó, con el tiempo, al final, acabó reconociendo que la cabeza de Benigno le sentaba como los dioses, aunque igual no entonara demasiado bien con sus pechos de matrona y su gomoso corpachón, chorrera grasa por donde se mirara y, para evitarlo, tuviera que lavársela todos los días con ese champú que tanto detestaba. Pero todo eso era una tontería, al menos así lo creía Rogelia, que ya no estaba ni en edad ni con ganas de agradar a nadie. Qué más le daba cargar con esas menudencias, como las llamaba. Qué le importaba a ella a esas alturas que la tildaran de simplona —porque Rogelia sería lo que sería, pero vaya si era simplona esa cabeza de Benigno—, si ya la fama de lista y retorcida la tenía más que ganada. A ella, lo único que le interesaba era que ahora no tenía que pasarse tardes enteras sentada debajo del secador de la peluquería escuchando a esas cotorras decir una pavada tras otra, ni dejarse la vista colocándose los ruleros y las pincitas, por no hablar de los ataques de picazón que le daban cada vez que se ponía el tinte, porque eso sí, nada de tintes de marca, no, no…, ella el normal, el de toda la vida, aunque el  amoníaco le taladrara la piel hasta el cerebro. Con la cabeza de Benigno todo era más fácil: un lavadito por las noches, secar con la toalla, alborotar un poco antes de acostarse y, a la mañana siguiente, un poco de gel y a la calle.

Así fue como, gracias a las ventajas que le proveyó su nueva estética y a fuerza de ir haciéndose amiga de las estupideces y bobadas que día a día salían disparadas de su boca —porque ahora era “su” boca—, Rogelia se fue aligerando y su carácter, antaño agrio como la hiel, acabó azucarado como el almíbar. Y ustedes se preguntarán qué fue de Benigno después de todo esto. O de su novia, esa que cuando lo vió con la cabeza de Rogelia coronando su osamenta..., en fin, eso ya es otro cantar y merece que lo dejemos pendiente para otra tertulia.



Fernando Adrian Mitolo ©

Febrero de 2015

La broma absurda

Capítulo 1 - Un cambio inesperado 

 

 

Y es que Rogelia no se lo tendría que haber dicho, así, tan de golpe, y delante de esa pobre chica. Para una vez que Benigno se echa novia y se la presenta, podría haberse contenido. Pero no, siempre tenía que restregarle su falta de inteligencia, su lucidez en penumbras y su exacerbada capacidad para equivocarse:

—¡Es que al final va a ser verdad eso de que no te da la cabeza! No sé para qué la tienes puesta..., ¡a mí no has salido, eso está claro! —le soltó esa tarde, con total desparpajo, mientras a la chica se le iban subiendo los colores a la cara y por dentro pensaba: “vaya vieja loca. Pero…, ¿y si al final tiene razón y me engancho con un inútil?”

Benigno no durmió en toda la noche elucubrando qué hacer para vengar el oprobio que su madre le había regalado delante de su flamante novia. Hasta que se le ocurrió una idea. Fue así como a la mañana siguiente, en cuanto Rogelia entró en el baño dispuesta a ducharse, Benigno, dispuesto a todo, enfiló directo hacia su dormitorio. Cuando abrió la puerta, vio que la cama de Rogelia todavía estaba deshecha; emanaba un olor dulzón de entre las sábanas que le revolvieron el estómago, pero no se distrajo. De pronto, sintió el picotazo de los ojos de Rogelia que lo interpelaban desde encima de la cajonera; y hacia allí fue. 

El cambiazo duró unos pocos segundos. No hizo el menor ruido y, de hecho, Rogelia ni se enteró hasta veinte minutos después, cuando salió de la ducha. Una vez fuera, ésta se dirigió hasta su habitación para vestirse y, ni bien entrar, dejó caer sobre el suelo el toallón que cubría su gomosa corpulencia. Pero al instante notó una mirada extraña, casi incestuosa, que la observaba desde la cajonera. Y es que lo que descansaba encima del mueble ya no era su propia cabeza, aún somnolienta y que había dejado reposando con las persianas bajadas para ver si se le pasaba la terrible migraña que le trituraba el cerebro, sino la de Benigno, sí, la de Benigno, que la miraba con sorna desde aquel rincón.



Fernando Adrian Mitolo ©

Febrero de 2015

23 de abril de 2015

Crónica de un invento

Una solución para el meteorismo

En el año 1967 y gracias a las súplicas de los habitantes de Belmonte, un pequeño pueblito asturiano, su Ayuntamiento decidió promover un concurso público a los fines de que los más astutos inventores de la comarca pusieran manos a la obra y concibieran el que, finalmente, sería uno de los mayores prodigios de la economía marital: el Acumulador de Metano. Cabe decir que hoy en día, el avance de la ciencia ha convertido a este simple artilugio en una importante herramienta que, según los más prestigiosos psicólogos de nuestro país, ha salvado del divorcio a más de un matrimonio acosado por el problema del meteorismo.Y no es de extrañar que la idea haya surgido de aquellas latitudes, habida cuenta de que uno de sus alimentos habituales, la habichuela, parte integrante de la famosa fabada asturiana, es uno de los responsables más directos del altísimo índice de flatulencias que sufren los pobladores del lugar.
Todo comenzó cuando un grupo de hombres y mujeres, hastiados ya de tanta pelotera conyugal, decidieron hacer frente al cotidiano infortunio presentándose a las puertas de las oficinas municipales y exigiendo hablar con el Alcalde para conminarlo a encontrar una solución a aquella doméstica contrariedad. El político, azorado ante tan curiosa propuesta, no dudó en prestarle sus oídos y fue así como se le ocurrió lanzar la noticia del concurso. La acogida fue realmente abrumadora y una gran cantidad de inventores locales y foráneos se abocaron a la solidaria misión de brindar respiro a esas familias. El Comité Seleccionador estuvo formado, obviamente, por el Alcalde, su secretario, una mujer de ochenta y dos años experta en la cocción de fabadas, la esposa de un individuo muerto a causa de una intoxicación por gas, y dos hombres, uno de cuarenta y dos años y otro de sesenta, ávidos consumidores del mentado potaje. Cabe aclarar que, en la época del concurso, estos dos últimos se encontraban en pleno trámite de separación, trance que, finalmente, logró evitarse gracias a la eficacia del invento.
El Comité no dudó a la hora de elegir al ganador. Lo hizo por mayoría casi absoluta y, finalmente, el encargo de la producción del artilugio se lo encomendaron a un parroquiano de Pendones, un joven de treinta y un años, experto en química y fervoroso defensor de los valores populares, quien, al cabo de un mes y tres días, tuvo listo el tan esperado invento. Hoy en día, ya patentado y con un éxito a nivel casi mundial, el Acumulador de Metano a pasado a ser considerado como un nuevo electrodoméstico. Para no continuar con el misterio y promocionar sus beldades, incluimos a continuación un panfleto informativo en el que una de las más renombradas empresas fabricantes nos cuenta los usos y virtudes del acumulador:
“Señora, señor: se acabaron las malas caras y los resoplidos, ya no es necesario irse a dormir a la otra habitación o abrir desenfrenadamente las ventanas en pleno invierno por culpa de los gases. Ya no tiene excusas, decídase y compre un Acumulador de Metano, el invento que revolucionó la economía doméstica.
El mismo consiste en un simple frasco de plástico, de aproximadamente dos litros de capacidad que, por medio de un complemento metálico, puede ser colgado en cualquier pared de la casa. Dispone de un poderoso sensor de gas metano, capaz de percibirlo en todo tipo de flatulencias, cualquiera sea su variedad: ruidosos e inodoros, los llamados petorros; bufas, aquellos insonoros pero de larga duración y permanencia; y por último las perfas, quizás los que generan mayor grado de conflictividad familiar debido al fuerte ruido que producen y a su olor desagradable y duradero.
El funcionamiento del artefacto es sumamente sencillo: una vez que la ventosidad inunda el ambiente, el sensor la detecta y, a través de un minúsculo ventilador que hace las veces de aspirador, lo succiona y lo transporta hasta una recámara interior y aislada del resto, en la cual el gas metano que contiene el flato es desodorizado. Posteriormente, una vez inerte, el vapor pasa a un compartimiento secundario, donde es definitivamente acumulado para su posterior reutilización.
De todos modos cabe aclarar que, para evitar contrariedades, recomendamos colocar 1 acumulador por cada 20 metros cuadrados. Se han conocido casos en los que, a fuerza de ahorrar en gastos, el mecanismo del acumulador produjo lo que se conoce como “efecto paradojal”, es decir, en lugar de aspirar, desodorizar y acumular el vaho, el aparato relanza los fluidos al ambiente con una pestilencia reduplicada.
Otro de los consejos que verán completamente detallado en el manual de instrucciones, advierte de no apagar el acumulador durante la noche, debido a que esas horas son, precisamente, las más productivas. De todas formas, la carcasa dispone de una pequeña manivela con la cual regular el funcionamiento del aparato según lo que se haya ingerido durante las ocho horas anteriores. Por regla general se recomienda que, en caso de ingestión de fabada o cualquier tipo de legumbres, se coloque la manivela en el punto 3.
En cuanto a la reutilización del metano acumulado, decir que nuestro extraordinario utensilio acaba de recibir el galardón ISO 13485, norma que regula la gestión de calidad y prevención de riesgos ambientales debido al consumo de alimentos. Para información de futuros usuarios que no conocen todavía las ventajas del acumulador, no dudamos en decirles que, además de sus efectos en la dinámica familiar, su uso continuado favorece a la protección del medio ambiente. Debido a una acertada remodelación del diseño original de 1967, los nuevos acumuladores llevan incorporado un sistema de purificación que convierte al contaminante gas metano en un sustituto inocuo que evita la producción de efecto invernadero, tan nocivo para nuestra atmósfera.
Pero, por sobre todas las cosas, si usted adquiere un acumulador, le aseguramos que lo notará en su economía cotidiana. Miles de españoles han olvidado ya los inconvenientes producidos por el uso de la vieja bombona de butano y disfrutan ya de las ventajas del acumulador. Cuando usted lo disponga, cuando usted lo necesite y con un simple movimiento, podrá retirarlo de la pared y, a través de una válvula universal, conectarlo a cualquiera de sus aparatos domésticos: cocinas, estufas, mecheros, faroles, etc., y disfrutar de sus virtudes combustibles.
Disponible en los mejores almacenes o a través de la Teletienda, podrá pagarlo en efectivo o, si lo prefiere, en cómodas cuotas.
No lo dude más, decídase por el progreso y encargue ya su acumulador”.



20 de abril de 2015

Utopía

¿Está Tan lejos?


Todavía recuerdo el día del asedio; hasta aquel momento, nunca había visto tan de cerca la brutalidad de las máquinas. Los RAG estaban diseminados hacía semanas por toda la ciudad, alertas, pero nada hacía pensar en lo que pasaría después. O no queríamos. El caso es que, sobre las diez de la mañana, oímos el estruendo y, al asomarme a la ventana, lo ví. Apenas el TRX-77 cruzó la valla de seguridad y atravesó la estructura de silicona que protegía al pelotón, el RAG centinela detectó su presencia y, sin vacilar, activó el cargamento y una balasera lo destrozó sin dejar rastro. Y ahí se desató la hecatombe.

Pero aquello había comenzado hacía muchos años, a principios del 2090 cuando, tras varias investigaciones, un grupo de dieciseis ingenieros del M.C.T. liderado por el Capitán Rakher —uno de los líderes más sanguinarios del gobierno de turno—, logró el permiso del Comité de Ética para entrenar a una pequeña cuadrilla de diez prototipos de RAG en un destacamento militar del valle del Syrustan, una remota región de Alburia, como parte de un experimento piloto financiado por los Estados de la Alianza. La misión resultó todo un éxito. De hecho, muchos de los socios de aquella “confraternidad”, así la llamaban, decidieron invertir gran parte de sus riquezas en tecnología para mejorar el diseño de los flamantes RAG y poder así disponer de un ejército propio. El dinero y el afán de poder dio de sí y, en tan solo veinte años, acabaron creando ocho versiones. Todas, a excepción de la 5.0 —que fue descatalogada a causa de un gravísimo incidente en el Ministerio Militar de Alburia y que estuvo a punto de  poner en riesgo la seguridad nacional—, superaron con creces las expectativas y, ninguno de los modelos que sacaron más tarde los gobiernos del Círculo Exterior, enemigos acérrimos de la Alianza, lograron superar la brutalidad y capacidad de decisión de aquellos RAG. Fue así como, finalmente, después de muchos años y tras hacerlos combatir  en primera línea de fuego en varias intervenciones bélicas dentro y fuera de la Alianza, estos se impusieron como los mejores androides jamás creados por el hombre, a tal punto que, un siglo más tarde, lo que había sido un experimento se fue completamente de las manos, el poder de los RAG creció hasta límites inimaginables y acabaron llevando a la raza humana al borde de la extinción.

Sin embargo, antes del desastre, un grupo de RAG logró separarse del Poder Central que los lideraba y creó su propio ejército. Eran aproximadamente tres mil. Se atrincheraron al norte de las montañas de Rambler, a unos cien kilómetros de la frontera con Hybros, guiados por la inaccesibilidad del terreno pero, sobre todo, por la cercanía de Darjäin, una de las poblaciones que, en esos momentos, contaba con más sobrevivientes humanos, y entre los que me encontraba yo.

En cuestión de dos meses, los rebeldes aniquilaron a las veinte brigadas oficiales de humanos que defendían y mantenían el control de nuestra ciudad y se hicieron con el poder. Se organizaron en nueve grupos. Uno de ellos, se encargó de nosotros, los civiles. Según las órdenes, debían mantenernos con vida; no podían fallar. Éramos aproximadamente unos cien mil individuos. De entre todos nosotros, los RAG descartaron a los más ancianos y se quedaron con los hombres, las mujeres y los niños que tuvieran, según sus cálculos, “un mínimo asegurado de potencial para el cambio”. Los ocho grupos restantes no perdieron ni un solo segundo y se dedicaron a la construcción de “La Cúpula”, lo que se convertiría en la sede de todas las maniobras. Antes de finalizar la primavera, la primera fase del “Programa R”, como dieron en llamar a su cruzada, ya estaba lista.

El día del eclipse, nos movilizaron y nos recluyeron en los subterráneos de aquella estructura. El olor a barro y estiércol era insoportable; pero al final, acabamos acostumbrándonos. Comenzaron por las mujeres, luego siguieron con los niños y, por último, con nosotros, los hombres. Uno a uno nos fueron seleccionando y trasladándonos al sector de las cámaras de deprivación. Nos explicaron que lo venían urdiendo todo desde mucho tiempo antes que comenzara la batalla final. Hastiados ya de su propia esencia sanguinaria —herencia de sus creadores, decían—, los RAG elucubraron el objetivo de experimentar con nosotros y ver la posibilidad de regenerarnos, esto es: rediseñar nuestro arsenal emocional y mejorar la raza. Según ellos, querían darnos una nueva oportunidad como especie. Pero a algunos miembros del Gobierno de La Cúpula, el proyecto se les antojaba demasiado ambicioso. Estaban convencidos de que, dadas las características de nuestra raza y habida cuenta de los funestos antecedentes que registrábamos a lo largo de la historia —entre los que se contaba la mismísima creación de los RAG—, estaba destinado al fracaso. Aún así, el proyecto se inició.

A día de hoy, los resultados son todavía inciertos. Más de la mitad de los humanos perecimos en los prolegómenos de la investigación, presa de lo que los RAG dieron en llamar: “reseteo emocional”, una técnica de limpieza indolora pero altamente riesgosa. Actualmente, solo quedan vivos unos cuarenta y cinco mil individuos, al parecer, según ellos, los más fuertes. De ellos dependerá el éxito o el fracaso del proyecto de regeneración. Hasta ahora, solo han logrado reparar el sesenta por ciento de su bagaje emocional. Aseguran que resta lo más difícil, esto es: erradicar definitivamente la sed de violencia y rediseñar el mecanismo cerebral que está involucrado en la  manifestación de sentimientos como la tolerancia y el amor al prójimo. No sé si los que quedan serán lo suficientemente fuertes para resistir el procedimiento. Solo espero que, algún día, todo esto se haga realidad.



Fernando Adrian Mitolo ©

Abril de 2015

19 de abril de 2015

Expo de pintura y esculturas

Tres almas a través de los ojos


En un clima de empatía con el arte, quedó inaugurada este lunes 13 de abril en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires la Exposición de Pintura y Escultura de los artistas: Patricia SAULLO, Ricardo MITOLO y Pablo GASTELU.

Público en general, amigos y representantes de la cultura se dieron cita en un recorrido en el que el color y la forma cobraron protagonismo sin dejar espacio para el asombro. Desde la obra plácida de RICARDO MITOLO con sus paisajes inundados de luz, hasta las movilizantes telas de PATRICIA SAULLO, donde la naturaleza nos dice que somos parte de un todo, las líneas de las obras de PABLO GASTELU terminan armonizando un torbellino de emociones. El espacio, generoso, brinda la distancia necesaria para una observación sin interrupciones visuales, cómodo y muy bien iluminado.




Se destaca el trabajo de curaduría de HÉCTOR ALARCÓN, quien ha sabido armonizar y "entrelazar" las obras buscando un diálogo entre ellas, logrando que se prolonguen más allá del pequeño espacio que separa un panel del otro. 


La muestra se podrá visitar hasta el viernes 24 de abril, de 10 a 18 horas, en la calle 25 de Mayo, planta baja, Capital Federal, Buenos Aires, Argentina.

16 de abril de 2015

Cuidado con la fabada asturiana

Una pequeña historia basada en hechos reales

 

 De haber sabido que aquella noche acabaría como acabó, no me hubiese comido aquellos dos platos de fabada que me sirvió Ramona. Todavía hoy, después de dos meses, no doy crédito que por haberme… pero no, vayamos por partes, que en estas lides de los problemas maritales, las prisas no son buenas consejeras.

Aquella tarde, yo había llegado de la librería con un humor de perros. Rebeca, mi compañera, seguía empeñada en que pusiéramos patas para arriba el almacén y recolocáramos todos los títulos por temáticas en vez de por autores. Claro, lo que no aclaraba la muy zorra era que el que tenía que encargarse de la faena era yo, y no ella. Una verdadera locura. En fin, que como no puedo con mi alma y nunca he soportado dejar con las ganas a una mujer, asentí a los ruegos de Rebeca y me dispuse a hacer lo que me pedía, aún a sabiendas que la que se llevaría los laureles ante el jefe sería ella.

Pero claro, aquella traición a mi ego, no me iba a salir gratis. Llegué a mi casa con los bríos tan alterados que, quien finalmente pagó los platos rotos, no fue otra que Ramona. Ni bien abrir la puerta, sabiendo lo que me crispaba, no tuvo mejor idea que hacer alusión a mi mala cara, que no voy a negar, esa tarde era de las peorcitas. Teniendo en cuenta aquel acercamiento tan poco asertivo por su parte, mi primera línea de artillería no se hizo esperar. Y aquí no crean que me propasé con la lengua ni nada por el estilo. No, no soy de esos. Tan solo redoblé la apuesta y, si de malas caras se trataba, pues la que le puse en ese momento se llevaba todos los premios. De ahí en más, la temperatura del ambiente se mantuvo tensa. Cruces por los pasillos sin dirigirnos la mirada, soliloquios en voz baja despotricando por mi carácter, y todas esas cosas que solemos hacer cuando, como se dice, “el horno no está para bollos”. Para no forzar la máquina, recuerdo que me duché, luego miré un poco el telediario y, sobre las ocho, nos dispusimos a cenar.

Y ahí fue donde me cavé mi propia tumba. Si ya me había servido un plato de fabada, contundente por cierto, ¿quién me mandó a mí a aceptarle el segundo?:

—¿Quieres un poco más? —me dijo Ramona, seria y sin apenas mirarme.

—Bueno, acepto —le contesté yo, más por hacerle un cumplido de reconciliación que por otra cosa, que ya bien sabe lo poco que me gustan esas situaciones.

Al rato, empecé a sentirme mal y una especie de letargo me invadió por completo. Pero lo peor fueron los retortijones; y es que dos platos de fabada, de noche… El caso es que, en el momento del postre que, por supuesto, no comí, por una tontería que hasta vergüenza me da recordar la cosa se volvió a reavivar y empezamos a discutir. No ya por lo de la tarde, que creo que ni ella se acordaba, si no por cualquier cosa que no venía ni a cuento pero que, si el objetivo era buscarme la mugre, estaba claro que era la estrategia más adecuada. Mientras iba de la mesa a la cocina y de la cocina a la mesa, Ramona no paraba de protestar y de sacar trapitos al sol, trapitos más que secos y guardados ya, pero que después de tanto removerlos, acabaron por hacerme explotar. Y nunca mejor utilizado el verbo, “explotar”, quiero decir, porque en ese momento, se ve que por los nervios, los efectos de la fabada hicieron acto de presencia y, precisamente mientras Ramona me estaba hablando, se me escapó una ruidosa ventosidad.

Y ese fue el detonante de todo lo que vino después. Ella tomó aquel gesto —absolutamente natural y humano como la vida misma—, como la peor ofensa que pudiera haberle propinado y, ardiendo como una brasa encendida, pasó por mi lado, me empujó y se fue a la habitación. A los pocos minutos salió y, con total indignación y con lágrimas en los ojos,  me dijo:

—Esto no va a quedar así, Amancio. Que sepas que yo no soy como esas tontitas que todo lo aguantan. No, no…, estás muy equivocado si es eso lo que piensas. Hoy es un gas, pero mañana quién sabe. ¡Dios me libre! —y, después de ese mensaje que apenas pude digerir, cogió el abrigo, abrió la puerta y se fue.

A los dos días, lo comprendí todo. A las ocho de la mañana, justo antes de salir para la librería, se presentaron en mi casa dos oficiales de policía con una citación: Ramona me había puesto una denuncia por malos tratos. 
 

12 de abril de 2015

Castillo de la Luz y Fundación Martín Chirino

Un orgullo para Gran Canaria

 

 
Las comparaciones nunca fueron buenas, o al menos eso dicen. Pero esta vez, valga la excepción. Y es que hoy, los ciudadanos de Las Palmas de Gran Canaria, podemos estar orgullosos de tener en medio de nuestra ciudad un espacio como el que nos ofrece el Castillo de la Luz y la flamante Fundación Martín Chirino que acoge en su interior, un enclave cultural que puede presumir de estar a la altura de cualquier museo de las grandes ciudades europeas.

Sin nos detenemos en los detalles de su prolija restauración, una restauración sencilla y respetuosa con la esencia del estratégico enclave, podremos admirar lo que, en realidad, nunca fue un castillo —simplemente porque allí no vivieron nobles— sino una especie de matriuska rusa que, a medida que nos internamos en sus flamantes salas y nos perdemos entre espirales y figuras de hierro forjado, nos va enseñando las sucesivas transformaciones que sufrió el histórico bastión y que, a la manera de una epidermis, envuelven las entrañas de lo que fue la antigua Fortaleza de Las Isletas.


Por tanto, cita obligada la este nuevo espacio cultural, en el que podrás disfrutar de una interesante fusión entre el pasado y el presente, la Historia y el Arte Contemporáneo.





Si tienes interés en hacer una visita guiada, aquí tienes el correo electrónico en el que podrás solicitarla:

visitasalcastillodelaluz@auditorioteatrolaspalmasgc.es

Carta a una esposa incrédula

Todavía no entiendo por qué no me creíste. Y eso que lo intenté de mil maneras, que te lo repetí hasta el cansancio. Pero no me dejaste otra opción, preferiste ponerte del lado de ellos, en vez del mío. Sé que te convencieron. Lo hiceron la tarde que saliste vestida de rojo. Era el color que les gustaba, al menos eso te dijeron. Qué tonta; tú también caíste en la trampa. Lo que no sabías es que con eso me estabas arrastrando también a mí. 

Y perdona que sea repetitivo, pero es que no me cabe en la cabeza por qué tú, que eras en quien yo más confiaba, no me creíste. ¿Por qué iba a mentirte? Dímelo, a ver. ¿Acaso lo hice alguna vez? Tendría que odiarte. Pero ya es tarde incluso para eso. Además, ¿qué ganaría? Mejor les dejo el peso de semejante carga a ustedes. Sí, a ellos y a tí, que me carcomieron el cerebro hasta desgastarlo por completo. 

Supongo que ahora que me han quitado del medio estarás contenta. Porque a mí no me vas a engañar con lágrimas falsas, como esas que derramaste cuando me encontraste colgado. Lo hubieses pensado antes, cuando te conté lo que sucedió en el baño. Todavía recuerdo el terror que sentí aquel día, al ver aquel ojo, mirándome fijo desde detrás de la pared. Era una mirada vacía, muerta, y quizás por eso me resultó insoportable. Pero lo peor fue lo que vino después, cuando no me creíste y dijiste que estaba loco. Más tarde empezaron los ruidos; a todas horas. Después los murmullos y las voces, chillonas, filosas como cuchillos, que noche tras noche se me fueron metiendo dentro de los oídos. Y yo sin poder hacer nada, atado de pies y manos por miedo a las represalias. Un día me dijeron que te matara. Sí, ellos. Y te diré que estuve a punto de hacerlo, la noche de la última navidad que pasamos en casa, cuando se fueron tus padres. Después que arrancaron el coche, subí al desván, abrí la caja de herramientas y cogí el martillo. Nunca me gustaron las armas blancas. "Dale tres golpes y déjala seca", me dijeron. Pero no pude, de verdad que no pude. Suerte para tí. Y mira cómo me lo has pagado.

Tú dirás que lo que hice fue de cobarde, lo sé, pero estás equivocada. Porque precisamente ahora soy libre. Libre de aquella vigilancia constante, de sus insultos, de sus amenazas. Libre de las noches insomnes y del miedo metido en el cuerpo. Pero, sobre todo, libre de tus oídos sordos, libre de tu incredulidad y de tu falsa moral, esa que te hizo caer en la más burda desidia, y a mí en el peor de los infiernos. Ahora estoy muerto, sí, pero, al fin, soy libre.


Por todos aquellos que viven inmersos en una realidad diferente a la nuestra. Antes de juzgarlos, escúchalos.

10 de abril de 2015

Expo: "La luz, lo irreal y la forma"


Una muestra que reúne tres interesantes ingredientes se presenta en el microcentro porteño.



La artista plástica Patricia SAULLO nos introduce en su mundo propio a través de una obra creada desde el alma, fruto de su capacidad creativa desbordante y que se transforma en un generador de escenas surrealistas. 

Por su parte, Pablo GASTELU, despliega en sus esculturas el oficio de un artista que persigue la forma, pero ella, rebelde, le devuelve la suya de manera caprichosa y, llegando ambos a un acuerdo, recorren el espacio inundándolo de movimiento.

Entretanto, la obra de Ricardo Nicolás MITOLO indaga en la atmósfera, la luz y el color, y persigue el instante intentando capturar el momento que descubre la mirada, tan frágil como fugaz.
Con la belleza como objetivo, los tres artistas deambulan sobre el eterno camino del arte.

Patricia Saullo
Pablo Gastelu
Ricardo N. Mitolo




INAUGURACIÓN LUNES 13 DE ABRIL DE 2015, 18:00 HORAS

BOLSA DE COMERCIO DE BUENOS AIRES
25 DE MAYO 359, PLANTA BAJA
BS. AS - ARGENTINA

Ciegos que ven

¿Adelanto científico o reconocimiento de lo ya descubierto?

Ya nadie duda, al menos eso creo, de los avances que han tenido las neurociencias en los últimos años.Si vamos a ser sinceros, quienes siempre tuvieron clavado el aguijón de la duda, al menos sobre ciertos descubrimientos, fueron precisamente los adscriptos a dichas disciplinas. Y con esto no quiero quitarles mérito, sino, simplemente, poner algunas cosas en el lugar que corresponden. 


Para ello podría elegir numerosos ejemplos, pero tomaré uno que me ha llamado la atención, no solo por lo impresionante del hallazgo, sino por el llamativo reconocimiento de un concepto que, hasta no hace mucho, las mismas neurociencias defenestraban por no ser “científico”. A lo que me refiero, para no dar vueltas, es a las investigaciones acerca de lo que se denomina “Visión ciega” o “Ceguera cortical”. 

Se trata de casos en los que, a pesar de que los pacientes tienen los ojos en perfecto estado y estos perciben los estímulos de forma correcta, son ciegos. Es decir, el estímulo llega a los ojos pero dicha información no es procesada correctamente y la persona “no ve”. Pero aquí habría que hacer una pequeña diferenciación entre “ver” y “tener conciencia de ver”.  Porque el punto es que, si a esas personas les ponemos obstáculos, por increíble que pueda parecer, logran  sortearlos como si realmente los estuvieran viendo. Incluso, a través de electrodos, se ha comprobado que pueden reaccionar a gestos y expresiones corporales de otros como si también los estuvieran viendo. Y el caso es que efectivamente “los ven”, lo que no tienen es “conciencia” de ello. 
¿Cuál es la explicación para todo esto? Simplemente, que la información recibida por los ojos, si bien no llega a la corteza visual —esa parte del cerebro que se encarga de decodificarla y traducirla en imágenes—  toma un atajo, una vía alternativa, que es la que está involucrada en lo que se denomina “visión inconsciente”. 
Es decir —y aquí vuelvo al principio—, habiendo pasado más de un siglo del descubrimiento freudiano por excelencia, ahora las neurociencias han decidido que “lo inconsciente”, aquello que han negado durante tantos años y que por poco tildan de superchería, tiene estatuto “científico”. 
Está claro que solo era una cuestión de tiempo. Lástima que al Dr. Freud, al igual que a tantos otros genios, el reconocimiento le haya llegado tarde. La pregunta es, entonces: ¿dónde estaba entonces la ceguera?

Si quieres ampliar la información sobre la "visión ciega" o "ceguera cortical", aquí tienes el enlace a un video explicativo aparecido en el programa Redes, de Eduard Punset, el 17/01/13:

Nuestra visión inconsciente

7 de abril de 2015

Picasso en Las Palmas de Gran Canaria

Desde el 27 de febrero y hasta el 15 de mayo, podrás disfrutar de la "Colección Suite Vollard" en la FUNDACIÓN MAPFRE GUANARTEME de Las Palmas de Gran Canaria, en la calle Juan de Quesada Nº 10. 
 Se trata de una serie de 100 grabados encargados por el marchante Ambroise Vollard, realizados por el artista malagueño entre 1930 y 1937,  y que versan sobre 4 temas: El taller del escultor, El Minotaruo, Rembrandt y La batalla del amor.

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SE BUSCA PERSONA DESINHIBIDA Y FANTASIOSA CON GANAS DE PRESTARME, VENDERME O REGALARME SUS SUEÑOS ERÓTICOS

Yo, española, de 53 años, soltera y nacida en Orihuela. De padre militar y madre temporera, he vivido siempre al servicio de mi casa y mis hermanos. Me considero una mujer sencilla, algo tímida y con un exacerbado sentimiento del deber. 

Pero ahora te busco a ti. Si eres hombre o mujer y tienes ganas de ayudarme, enséñame tus fantasías. Las acepto de todo tipo: masculinas, femeninas, solitarias o con varios integrantes. No opongo resistencia a ningún tipo de sueños, ni siquiera a los más retorcidos o escabrosos. Busco imágenes que me hagan perder la cabeza. Las espero... sueña para mí. 

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